QUIEN ENGAÑA A QUIEN?
No podría asegurar si es por experiencia propia o ajena… pero de lo que si estoy segura por la gran mayoría de las que he tenido conocimiento… es que cuando se trata de relaciones… no hay apariencias que engañen… la verdad es que somos nosotros mismos quienes nos engañamos.
Además de la atracción física… las palabras bonitas y las incontables promesas… no son lo único que nos convence de iniciar una relación… somos seres pensantes… generalmente sopesamos los pro y los contra… al hacerlo… con frecuencia nos negamos a ver la realidad… nos relacionamos con otro adulto que ya tiene su carácter o personalidad definida y aunque ésta no sea de nuestro completo agrado… o peor aún… le encontremos muchos defectos… nos mentimos creyendo que al convertirse en nuestra pareja… cambiará como por arte de magia… sus celos nos parecen una demostración de amor o creemos que serán superados… cuando le hagamos sentir seguridad en la fuerza de nuestros sentimientos… no percibimos una conducta controladora… en su recurrente deseo de conocer nuestros movimientos o actos… le restamos importancia a molestos hábitos… convenciéndonos de que por o con nuestro amor… lograremos que los abandone o que de no ser así… nos acostumbraremos o adaptaremos a ellos.
En el caso de las mujeres… antiguos lemas que crecimos escuchando nos convencieron por completo de que “nosotras hacemos al hombre”… lo cambiamos o moldeamos… lo que puede que funcione con algunas mujeres… en algunos casos… con algunas cosas… pero rara vez conseguimos un éxito absoluto… cualquier persona adulta puede sentirse a gusto con quien es… aferrarse a sus virtudes y defectos… no aceptar cambios impuestos por su pareja… lo que nos lleva… al paso de los años… a encontrarnos en una encrucijada… a sentirnos decepcionadas o peor aún… a creernos engañadas… pero lo cierto es que ellos son inocentes de esa acusación… las únicas responsables de tal engaño somos nosotras mismas… vimos lo que quisimos ver… nos negamos a reconocer las señales… nos permitimos darle más peso o valor a las virtudes que a los que consideramos defectos… sin imaginar que el peso de estos últimos… aumenta tanto con el tiempo… que pueden llegar a sofocarnos o hasta asfixiarnos.
Los hombres por su parte… también se engañan… algunos se enamoran de una chica dulce… muy joven e inmadura… creyendo que podrán convertirla en una esposa sumisa… obediente y dependiente… pero al madurar se transforma en una mujer fuerte y autosuficiente… entonces intentan sin lograrlo… cortar sus alas y encerrarlas en una jaula… creyendo que podrán hacerlas felices dentro de lo que ellos consideran un nido de amor… pero no es así… jaula es jaula y no todos toleran el encierro.
Todos estos son AUTOENGAÑOS y seguramente… la causa de muchas separaciones y divorcios… esa voluntariedad de ver lo que queremos ver… también debe ser la razón por la que tantos jóvenes en la actualidad son reacios al matrimonio… no me queda duda que son una generación más sincera consigo misma… más claros con lo que quieren y lo que no están dispuestos a tolerar… también más experimentada… ya que vivieron en sus hogares la ruptura de la relación entre sus padres… tíos… etc… presenciaron el daño que representan para una pareja… esas diferencias que se hacen insalvables… lo que los ha convertido en conocedores al respecto.
“Quien se mete a redentor… sale crucificado”… dice un refrán y como todos ellos tiene su base cierta… no se puede “salvar” o cambiar a quien no cree necesitarlo o no lo desea… cuando iniciamos una relación en estos términos… no podemos hacerlo sin tener conciencia de que es riesgosa… que puede que funcione… pero puede que no y de no lograrlo… no podemos culpar al otro… porque fue nuestra decisión correr ese riesgo… sólo nos queda pasar la página… creer que no seremos tan tontos como para cometer el mismo error la próxima vez… pero sin esperanzas porque somos humanos… lo más seguro es que tropezaremos… muchísimas veces… con esa mismísima piedra… :/.




QIEN ENGAÑA A QUIEN?