PENA… PENITA… PENA…
… decía la lírica de una canción que cantaba mi abuela… haciendo gala de su origen andaluz… mientras mi madre la coreaba y entre las dos… cocinaban algo que estaban seguras que no me gustaría… como vegetales o sopas… lo que me hacía pensar que actuaban malévolamente… con premeditación y alevosía… porque a cierta edad… nuestros cerebros no procesan que en la mayoría de las ocasiones en que nuestros padres hacen algo que no nos agrada… están actuando para nuestro beneficio.
El término “pena” del latín “poena”… tiene diferentes significados… bien puede ser el castigo impuesto por la autoridad a quien ha cometido un delito o falta… puede ser una aflicción… dificultad… dolor… gran sentimiento interior…. vergüenza o pudor.
La primera impresión que causa escuchar la expresión… “que pena!”… parece ser de disculpa por haber infringido alguna regla de cortesía… por tropezar a alguien… cometer una imprudencia o haber realizado algún acto contrario a lo decente… pero este término tiene una connotación sensible… que va de la mano con las emociones de cada persona… me refiero a la pena (dolor) que puede sentirse por la tristeza de haber perdido a alguien o algo… por decepción… luto… etc… así mismo la pena (vergüenza) que se llega a ser exhibido… expuesto de forma indebida o sometido a una situación incómoda… frente a un público inadecuado.
Lamentablemente… el uso de esta expresión en sociedad muchas veces está basado en la hipocresía… en la actuación falsa de algunas personas frente a otras… en la cada vez mayor incompresion e intolerancia… en la descortesía y la pérdida de valores como el respeto o consideración que debemos tener hacia los demás… no es fácil lidiar con este tipo de personas… cuando uno trata de estar en armonía y paz con los demás seres humanos que nos rodean.
Son grandes víctimas de atropellos… las personas que viajan a diario en el Metro… cuando por desgracia les toca cerca de la puerta de entrada… saben que recibirán empujones… pisadas y magullones… algunos inclusive acompañados por un “que pena” a manera de disculpa… el cual deben recibir con resignación aunque sin fe alguna… mientras su cerebro comienza a verificar el estado de todas las partes del cuerpo… descubriendo donde está el punto de dolor en su máxima expresión… causado por el golpe que acaba de recibir y que le permite ver al diablo en persona.
Hace unos días presencié una de esas situaciones en las cuales alguien comete un acto abusivo… apropiándose de un lugar en una cola que no le corresponde y al ser puesto en evidencia… dice muy fresco… “que pena!”… pero no abandona el lugar alegando cualquier excusa que justifique su prisa… sobre las voces que protestaban escuché a alguien decir… “la cultura no pelea con nadie”… interesante… no?… de inmediato pasó a mi archivo personal… ese que almacena insaciablemente.
Otro caso que sucede frecuentemente,… es cuando vamos a pagar y quienes nos cobran… nunca tienen cambio… no se nos hace mucho problemas cuando esto se relaciona con monedas inferiores a bolívares 100 o 500… pero en muchos casos… por tener prisa o para no comenzar una disputa desagradable con un taxista… nos vemos forzados a pagar Bf 20,00 por un servicio de Bf 17,00… es preferible portar uno mismo el cambio o resignarnos a escuchar otro poco-sentido “que pena!… no tengo para darle vuelto” y nosotros… hacer de ricachones regalándolo porque así es la vida… que le vamos a hacer… si nos estamos trasladando en taxi… es porque somos ricos y no nos hace falta ese vuelto… verdad?
En fin… podría pasarme horas y horas relatando o leyendo de ustedes… ejemplos relacionados al mal uso de esta palabra… pero prefiero hacer un llamado a las buenas costumbres… empatía y armonía… de todos los que vivimos en esta sociedad… sobre la connotación que se le está dando.
Qué tan real es el sentir o tan sincera la emoción de una persona que la expresa?… realmente sienten pena… vergüenza… dolor… aflicción por haber tropezado… empujado… agredido… insultado o irrespetado a algún ser humano?… de pasarle por encima?… o si muy por el contrario… en realidad la sueltan así… sin más ni más… como una expresión automatizada a la que no le confieren ninguna importancia?
Acaso no representan esas acciones que la generan… el rechazo… rencor… odio… amargura… egoísmo… desinterés hacia las demás personas?… no son llevadas a cabo por creer verdaderas razones como… “ya se metió este por delante”… “apártense que no me dejan pasar”… “quítense que tengo prisa”… “lo mío es más importante”… “soy mejor que tú”… “interfieren con mi tiempo”?
Vemos con tristeza y preocupación que el romper las reglas de la convivencia sin importar las consecuencias… se hace frecuente… en realidad se ha hecho común… que donde se percibe un espacio de impunidad… se usa… que ya no hay sentido de la nobleza y no hay dignidad… como si fuera un paso hacia adelante en la sociedad… en lugar de ser lo que es… un paso hacia atrás en el que se avanza en retroceso hacia la incivilización.
Vivimos en un constante corre corre… nos dejamos arrastrar por costumbres de otros… que no reflejan nuestra educación y forma de ser… nos conviene hacer un alto… revisar a conciencia si nuestro proceder va acorde con nuestra forma de ser que suele ser solidaria… altruista y de empatía con los demás… tenemos que poner de nuestra parte… no es fácil porque todos tenemos problemas… vivimos situaciones… decepciones… sinsabores que a veces nos hacen encarar la vida como si arrastráramos cadenas… o como si odiáramos al resto de la humanidad… cuando en realidad las demás personas… no tienen la culpa de lo que estamos pasando.
Somos nosotros mismos quienes tenemos que buscar la solución a nuestros problemas… canalizar de forma positiva todo lo que nos afecta y poner “al mal tiempo buena cara…” haciendo las cosas como es debido encontraremos nuevas maneras de encarar viejos problemas… de lograr nuestro crecimiento interior… buscar la cercanía a Dios nos ayuda a mantener una paz espiritual… que al final se refleja en nuestras acciones… las cuales ya no tendrían que culminar con nosotros expresando… un “que pena!” cada vez menos sentido y en el que ya… casi nadie cree.




Quiero contarles algunos de los cambios que ha hecho CADIVI para que alguien pueda disponer de su cupo en dólares electrónicos… esos que obteníamos tan sólo registrándonos… imprimiendo nuestra planilla de “Solicitud de Divisas para el pago con Tarjetas de Crédito de Consumos de Bienes y Servicios, efectuados a Proveedores en el Exterior desde Venezuela (Internet)”… por triplicado… acompañándola con nuestra cédula ampliada… llevándola a firmar y sellar por nuestro operador cambiario y que resultaban automáticamente aprobados.